
Los bizantinos, antiguamente, designaban con la palabra icono a toda representación de Cristo, la Virgen, un santo, un acontecimiento de la historia Sagrada representación que podía ser pintada o esculpida, móvil o monumental.
Pero la Iglesia ortodoxa moderna aplica con preferencia este término a las pinturas de caballete, y es el sentido que se le da hoy tanto en la arqueología como en la historia del arte.
Aunque inicialmente el término "Icono" se refería a cualquier representación religiosa y a cualquier soporte, actualmente se entiende como una pintura de caballete frecuentemente enmarcada en plata.
En el mundo bizantino la representación religiosa se prestó a la superstición y adquirió una importancia tan grande que llevó posteriormente a graves enfrentamientos fratricidas en la época iconoclasta (726-843). Quizá ese sea uno de los motivos por el que los musulmanes, que se expanden por esas fechas hacia el Próximo Oriente, no quieran caer en los mismos errores religiosos que el Imperio Bizantino y su decoración se decante hacia las formas vegetales estilizadas y las geométricas en una evidente tendencia hacia la abstracción.
La temática e incluso las formas se tipifican a partir de la 2ª Edad de Oro (843-1204) de forma que, con la generalización, se eviten las disputas de la época anterior; es en esta misma etapa cuando occidente imita esos temas en el Románico.
La capital
La capital del Imperio bizantino se convirtió en una gran urbe que competía en riqueza con la ciudad de Roma y reunía en sus calles y palacios tanto a la nobleza que rodeaba al Emperador como al clero que influía de manera notable en las decisiones políticas y en la vida privada de la gente. Este poder cesaropapista del Emperador se ve reflejada en la disposición urbana pero también en las manifestaciones públicas.
La principal obra bizantina
La principal obra bizantina es, sin duda, la Basílica de Santa Sofía en "Constantinopla" pues, además de ser el culmen de su arquitectura marca la pauta de la construcción del Imperio en el milenio de su existencia.
Tiene una magnífica estructura pensada para crear un interior digno de sus creencias cristianas y se basa en los materiales y las técnicas de construcción romanas de los que han formado parte hasta la división del antiguo Imperio Romano, a la muerte de Teodosio el Grande.
Descripción de la imagen
En la imagen se puede apreciar una mujer y un niño con la cabeza fuera de proporción ya que en la mayoría de las obras bizantinas la proporción de la cabeza siempre era mayor.
Los ojos reflejan un sentimiento de reflexión ya que la mirada en la mujer parece como si tuviera la mirada perdida.
La mano derecha del niño remarca unos dedos muy grandes si hacemos referencia a las proporciones del niño ya que en este tipo de representaciones los dedos representan los cables conductores de la energía espiritual.
Ambos aparecen con los brazos cubiertos hasta las muñecas.
También podemos apreciar que el cuello de ambos es muy largo ya que representa el medio por el cual el cuerpo recibe el aliento vivificador del espíritu.
La mano derecha de la mujer marca un dedo meñique doblado como si estuviese quebrado.
En el ropaje del niño el autor manejo un color rojo muy vivo, ya que representa la sangre derramada.
Los ojos son grandes en marcados por cejas muy arqueadas.
La nariz la tienen muy aguda y larga.
Descripción de la imagen
En la imagen se puede apreciar una mujer y un niño con la cabeza fuera de proporción ya que en la mayoría de las obras bizantinas la proporción de la cabeza siempre era mayor.
Los ojos reflejan un sentimiento de reflexión ya que la mirada en la mujer parece como si tuviera la mirada perdida.
La mano derecha del niño remarca unos dedos muy grandes si hacemos referencia a las proporciones del niño ya que en este tipo de representaciones los dedos representan los cables conductores de la energía espiritual.
Ambos aparecen con los brazos cubiertos hasta las muñecas.
También podemos apreciar que el cuello de ambos es muy largo ya que representa el medio por el cual el cuerpo recibe el aliento vivificador del espíritu.
La mano derecha de la mujer marca un dedo meñique doblado como si estuviese quebrado.
En el ropaje del niño el autor manejo un color rojo muy vivo, ya que representa la sangre derramada.
Los ojos son grandes en marcados por cejas muy arqueadas.
La nariz la tienen muy aguda y larga.

Muy bien la descripción.
ResponderEliminarPoner siempre las fuentes consultadas en tu investigación.